miércoles, 1 de abril de 2015
lunes, 28 de octubre de 2013
lunes, 28 de enero de 2013
¿Es mejor el colegio más selectivo?
Un buen colegio se ve en el trato que da a los alumnos diferentes, aquellos que no están cuadriculados por los comunes denominadores que definen a los “buenos chicos”, es decir aquellos que tienen un enorme potencial pero tienen dificultades para expresarlo, aquellos que por ser confrontacionales necesitan profesores que los reten y a la vez limiten. Pero en el mundo de la educación privada lo que usualmente hacen los colegios de elite es no admitir a esos alumnos, (o eventualmente admitirlos y luego deshacerse de ellos).
Alfie Kohn, uno de los más brillantes y sensatos pensadores de la educación de los Estados Unidos acaba de publicar un artículo “The Meaning of Selective Admissions: Whom We Admit, Whom We Deny” que vale la pena de ser leído por educadores y promotores educativos serios y comprometidos con la buena educación (Independent School, Winter 2012 http://www.alfiekohn.org/teaching/admissions.htm)
Kohn se pregunta ¿qué significa que un postulante que pasa por diversas pruebas de admisión a un colegio sea declarado “no apto”? Hay dos presunciones que usan estos colegios. 1) Que es posible predecir razonablemente qué postulantes tendrán más éxito académico, pese a que se sabe que las pruebas estandarizadas son pésimo predictor del éxito futuro. 2) Al escoger a “los mejores” el colegio podrá alcanzar la excelencia.
Kohn se pregunta ¿qué significa que un postulante que pasa por diversas pruebas de admisión a un colegio sea declarado “no apto”? Hay dos presunciones que usan estos colegios. 1) Que es posible predecir razonablemente qué postulantes tendrán más éxito académico, pese a que se sabe que las pruebas estandarizadas son pésimo predictor del éxito futuro. 2) Al escoger a “los mejores” el colegio podrá alcanzar la excelencia.
Lo que se sabe a ciencia cierta hoy de las pruebas estandarizadas es: 1) Sus resultados se correlacionan con el nivel socioeconómico de la familia. 2) Mide solamente la habilidad para dar ese tipo de puebas, sin relación alguna con los talentos intelectuales. 3) El peor formato de esas pruebas es el de selección múltiple porque no permite elaborar las respuestas y están hechas para comparar entre los que toman las pruebas más que para identificar qué características posee cada alumno. No es casualidad que ya van más de 850 colleges norteamericanos han abandonado su uso para las admisiones.
Entonces, si no se puede identificar el potencial futuro de éxito de un joven de 14 ó 18 años ¡cómo se puede asumir que sí es posible con uno de 4 años? Por otro lado, al niño de 3 ó 4 años se le evalúa por lo que ya trae consigo, es decir, por sus antecedentes socioeconómicos familiares. Entonces, ¿se trata de privilegiar a los privilegiados y después vanagloriarse de que están en la vanguardia social? Con ello, lejos de apostar por la equidad social, estos colegios cumplen el rol de perpetuar la inequidad.
Entonces, si no se puede identificar el potencial futuro de éxito de un joven de 14 ó 18 años ¡cómo se puede asumir que sí es posible con uno de 4 años? Por otro lado, al niño de 3 ó 4 años se le evalúa por lo que ya trae consigo, es decir, por sus antecedentes socioeconómicos familiares. Entonces, ¿se trata de privilegiar a los privilegiados y después vanagloriarse de que están en la vanguardia social? Con ello, lejos de apostar por la equidad social, estos colegios cumplen el rol de perpetuar la inequidad.
Por otro lado, al escoger alumnos hábiles en los criterios tradicionales se deja de lado a la enorme cantidad de niños talentosos en otras áreas e intereses, que pueden tener atributos admirables (compasión, humor, sentido lúdico, etc.) y personalidades intrigantes, con lo que los colegios se vuelven lugares menos interesantes porque exponen a sus alumnos a interactuar con menos personas que son significativamente diferentes a ellos mismos.
La verdad es que los colegios más selectivos escogen a “la crema” de los postulantes por otras razones: 1) por mantener un factor de prestigio; 2) para contar con alumnos más dotados que aseguren que cuando egresen alcanzarán mejores ingresos a la educación superior, reforando el prestigio del colegio; 3) son más fáciles de educar; 4) Tienen padres con capacidad de pago y ser donantes a la instiución.
Hace 4 décadas, el psicólogo McClelland se preguntaba retóricamente ¿por qué perdemos tanto tiempo tratando de detectar los mejores criterios que predigan el éxito escolar? Si el propósito de la educación es precisamente mejorar el desempeño de quienes tienen dificultades, las mejores escuelas serían aquellas que evidencian que son capaces de hacerlo. En ese caso, los colegios selectivos son los menos indicados para reflejar excelencia educativa y la capacidad de mejorar el desempeño de los alumnos (más allá de lo que ya traen consigo).
Alfie Kohn dice que una receta sencilla para actuar con sentido educativo entre todos los postulantes que reúnen los criterios ideológicos y sociofamiliares que establece el colegio, podría ser dejar de ser selectivos y utilizar métodos de loterías para escoger alumnos al azar entre aquellos que postulan. Es limpio, socialmente responsable, se puede usar en cualquier nivel desde la educación inicial hasta la superior y da la oportunidad a la escuela de demostrar realmente cuán buena es.
Tomado de:
http://www.trahtemberg.com/articulos/1897-ies-mejor-el-colegio-mas-selectivo.html
lunes, 14 de enero de 2013
CONFLICTÓLOGOS
No es ningún misterio que la conflictividad social es el
fenómeno que ha concitado la mayor atención en lo que va del siglo XXI peruano.
Se ha convertido en un vocablo recurrente de políticos, periodistas,
encuestadores y ciudadanos de a pie. Para un 30% de consultados a nivel
nacional, por ejemplo, es la principal razón para desaprobar la gestión de
Ollanta Humala. Es más, nunca antes los empresarios han estado tan concernidos
por comprender el comportamiento político de los que toman las calles.
Este
inesperado interés por entender al peruano-Conga-No-Va ha generado la
reproducción milagrosa de especialistas en conflictos sociales. Los
conflictólogos –esa suerte de “senderólogos” del boom minero— son el producto
de la demanda de élites políticas y económicas perdidas en la confusión. Son
requeridos para saciar artificialmente la exigencia de un “dueño del Perú” por
comprender la realidad social en un power point. Para muchos de sus clientes,
constituyen la promesa de un curso acelerado de sociología política urgido por
la ignorancia antes que por la culpa.
El
problema con este tipo de experto es que, por más que ostenten títulos de
post-grado, su oficio no es académico. De hecho, en un atentado a la
rigurosidad metodológica, reducen un fenómeno complejo (las relaciones entre la
sociedad y la política) a un objeto de estudio superficial (“protestas
anti-mineras”) a la medida de sus limitaciones. Por lo tanto sus análisis no
trascienden la epidermis de la realidad. Sus aportes –y peor aún sus
recomendaciones—conducen a decisiones equivocadas; con suerte, inútiles.
La
mayoría de sus recetas merecen formar parte de una antología de insensateces y,
en el mejor de los casos, de lugares comunes. ¿Cuántos empresarios han sentido
el sinsabor de la estafa cuando las consultorías terminan con resúmenes
ejecutivos que se sintetizan en “es un problema de comunicación” o el aclamado
“hace falta diálogo”? Desde publicistas que preparan guiones para
comerciales de televisión hasta consultores en seguridad que chuponea las
comunicaciones de operadores políticos entran en esta tragicomedia de sobre
población de versados y ausencia de respuestas.
La
responsabilidad de esta situación es compartida con la academia tradicional.
Anquilosada en su ensimismamiento, ha perdido la vocación de generar
explicaciones ambiciosas ante una realidad que desafía el rol de los
intelectuales. No se procesa evidencia empírica sistematizada sobre las
transformaciones de un país en crecimiento económico pero desinstitucionalizado
políticamente. Las estadísticas sobre conflictos sociales sirven tanto como una
encuesta que se pierde rápidamente en el titular de un periódico de ayer.
Pero
sobre todo, se ha abandonado la disposición por la reflexión pública, por el
debate académico serio y profesional, comprometido con la producción de
conocimiento que trascienda las consultorías y las salas de reuniones con las
gerencias sociales de las empresas contratantes. El reino del conflictólogo –o
del hiper-especialista de asuntos superficiales—es, en cierta medida, el
fracaso de las ciencias sociales por entendernos.
Escrito por Carlos Meléndez. Publicado en El Comercio el 16 de Octubre del 2012
Tarea a medias: Lo que debe hacer Perú para avanzar en RSE
Cuando Aramark, empresa que presta servicios de alimentación
y administración de campamentos mineros, energéticos y de hidrocarburos en
varias regiones del Perú, decidió incluir hace tres años a agricultores
locales, proveedores, pequeñas y medianas empresas a su cadena de valor a
través de su programa de desarrollo de proveedores y compras locales, la
compañía no solo tuvo la oportunidad de acercarse a sus proveedores y lograr
buenos precios de negociación. Con esta iniciativa muchos grupos de productores
lograron formalizarse, capacitarse y obtener mayor competitividad al contar con
una oferta de calidad y buenos precios para la empresa compradora.
No obstante, aún son pocas las empresas
que consideran a los proveedores como un grupo de interés prioritario a la hora
de implementar programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE).
“Incorporar a las pymes a la RSE es uno de los grandes retos. El 97% de las
empresas en el Perú son pymes y solo el 30% son formales. Debemos cambiar el
lenguaje pensado para las grandes empresas y trabajar con las cadenas de
valor”, dice Henri Le Bienvenu, gerente general de Perú 2021. “Hace
poco me reuní con el dueño de una imprenta que había obtenido el premio
Presidente de la República, que reconoce a las pymes formales, pero que no
había podido pagar gratificación a sus trabajadores, ya que la formalización
representó un alto costo que las grandes empresas, que son sus clientes, no
quieren pagar. Le dijeron que sus precios ya no eran competitivos como antes,
cuando no era tan formal. Esa mentalidad tiene que cambiar”, dice.
Según el estudio “Diagnóstico de la
responsabilidad social en las organizaciones peruanas”, elaborado por Desco y
Perú 2021, la comunidad, clientes/consumidores y medio ambiente son los grupos de interés mejor
atendidos; mientras que los grupos colaboradores, proveedores y gobierno no lo
son tanto.
Una
muestra de esto es que en la Expoferia Virtual de RSE 2011 (plataforma de
comunicación impulsada por Perú 2021 y en que las organizaciones pueden
presentar sus proyectos en la web durante todo el año), a la fecha 41 empresas
de diversos sectores han presentado más de 100 proyectos, y solo siete
estuvieron dirigidos a proveedores, clientes y gobierno.
“Lamentablemente la RSE no ha avanzado mucho en
el Perú, y una muestra de esto es que las empresas están dejando de lado a una
parte importante de sus grupos de interés”, dice Henri Le Bienvenu, de
Perú 2021. “Esto también se debe a que la RSE es un concepto aún muy nuevo. Las
universidades recién están empezando a tocar temas de RSE. Cómo le digo a una
empresa que tiene que ser socialmente responsable si no tiene a quién
contratar”.
Según Elsa del
Castillo, directora de la Escuela de Postgrado de la Universidad del Pacífico, “las empresas
están empezando a entender que los
valores de responsabilidad social que promueven en sus misiones y en su
filosofía corporativa pueden traducirse en prácticas de gestión concretas y no
en simples actividades filantrópicas”.
¿Cambio de escenario?
Tras la llegada del nuevo gobierno, cuyo énfasis en
la inclusión social ha sido claramente expresada, queda la interrogante sobre
el papel que cumplirán las empresas para lograr este objetivo. Para Gonzalo
Coloma, presidente de la consultora Pacific, a pesar de que se ha especulado
bastante respecto a lo que pueda suceder ante el nuevo escenario político, esto
no debería ser el motivo por el que las empresas inviertan con eficacia en
proyectos sustentables de RSE.
“Uno
de los temas en los que el actual gobierno puede incidir más es en la
evaluación de los programas que las empresas ejecuten y se involucre como parte
operativa en aquellos donde la empresa se superpone al Estado”, dice Coloma.
Según Héctor L. Gutiérrez, gerente
general de la Fundación Deloitte, “independientemente del
escenario político, los programas de RSE son de importancia capital para el
desarrollo futuro del planeta”.
Hugo Sánchez Casanova, profesor del
área de Dirección General del PAD Escuela de Dirección de
la Universidad de Piura, coincide con él. “La RSE es un proceso que no
tiene posibilidad de retroceso para las empresas. No es un concepto de
moda, es el proceso que están siguiendo las empresas para encontrar su propia
esencia”, dice. “En un Perú cada vez más abierto al mundo, esto es ineludible”.
No obstante queda pendiente qué pasará
con algunos sectores, como la minería, que ha sido protagonista de los más
recientes conflictos sociales en el interior del país, lo cual representa todo
un reto tanto para el gobierno como para la empresa privada. “Hay mineras con
prácticas muy avanzadas en temas de RSE y con grandes proyectos de inversión
social que generan impactos positivos en sus zonas de influencia. Por supuesto,
también hay muchas otras que muestran poco entendimiento de la problemática
social y ambiental que se genera en los lugares donde operan”, dice Elsa del
Castillo, de la Universidad del Pacífico. “Aquí la RSE debe ser
proactiva y no reactiva. Si se espera a que haya conflicto para preocuparse por
desarrollar acciones con la comunidad, será muy difícil revertir una relación
que no nació basada en la confianza mutua”.
Para
Héctor L. Gutiérrez, de Fundación Deloitte, este es un tema que tiene que ver
con la gestión gubernamental, tanto de los gobiernos regionales como del
Gobierno Central y la relación de estos con las comunidades. “No debemos
confundir el concepto de RSE con que las empresas vayan a hacer el trabajo del
Estado ni de las comunidades. El desarrollo social sostenible es tarea de todos
los jugadores. El nuevo concepto de responsabilidad social y desarrollo
sostenible requiere que todas las partes entiendan que el desarrollo económico
social del futuro depende de que se estimule el crecimiento en educación,
salud, infraestructura, lo cual no puede ser solo tarea de las empresas”, dice.
En ese sentido, muchos coinciden en que la RSE
es una responsabilidad compartida y colectiva en la que participan empresas,
ONG y el Estado. “Esta es una oportunidad para un mejor entendimiento
entre el sector empresarial y el Estado que permita expandir el impacto de los
esfuerzos de responsabilidad social de ambos”, dice Paul Remy, de la UPC.
Henri Le
Bienvenu, de Perú 2021, concluye: “La empresa es el agente de cambio que debe
utilizar la RSE como una herramienta de gestión para lograr el desarrollo
sostenible”, dice. “Todos tienen que ser socialmente responsables. Es una tarea
compartida: la empresa da el ejemplo, pero el Estado y sociedad civil deben
hacer lo mismo”.
Tomado de: http://mba.americaeconomia.com/articulos/reportajes/tarea-medias-lo-que-debe-hacer-peru-para-avanzar-en-rse
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